QUINTA LEYENDA: Leyenda de la Calle del Truco

Leyenda de la Calle del Truco (Ciudad de México)

La gente que allí vive asegura que una sombra de varón, vestido a la usanza andaluza, con larga capa, sombrero de ala ancha calado hasta las cejas, de modo que sólo deja ver dos chispas a manera de ojos sobre el rostro pálido y desencajado, se desliza apresurada a lo largo de esta calle cuando el silencio y las sombras de la noche son completas.

Es la sombra de don Ernesto, que sigiloso se detiene delante de una puerta y llama tres veces. Se oye un chirrido de ultratumba y entra el caballero. Es la Casa de Juego, a la que sólo van los más ricos. Se juega en grande: primero las bolsas repletas de oro, después las fincas, luego las haciendas. Es mal día para don Ernesto; ha perdido tres o cuatro de sus mejores propiedades, está nervioso como nunca; la fortuna le ha dado la espalda; hace un recuento en la mente y advierte que lo ha perdido todo.

-No todo, amigo, aún queda algo de valor.

-¡El diablo lo supiera! ¿Qué es?

-Y va en una jugada por cuanto habéis perdido, en el primer albur -agrega la primera voz.

Don Ernesto, fuera de sí exclama:

-¿A qué os referís? ¡Decidlo de una vez!

-¡Calma, calma! -Agrega el contrincante. -¡Qué tenga vuestra madre! -grita de nuevo el desafortunado caballero.

Su adversario se inclina sobre la mesa para musitar unas palabras al oído de don Ernesto.

-¡No por Dios! ¡Ella no! -grita el perdedor en el colmo de la exaltación.

-Resolveos, así podréis recuperar vuestras riquezas.

Transcurren unos instantes de lucha en el interior del jugador, y al fin exclama:

-¡Sea pues! ¡A la carta mayor!

Su amigo, parsimoniosamente, coloca sobre la mesa dos cartas: una sota de oros y un seis de espadas.

¡A la sota! - grita don Ernesto temblando de emoción.

Se deslizan los naipes fatídicos... siete de bastos, tres de oros, caballo de copas y al fin aparece la carta maldita: el seis.

-Perdéis nuevamente.

El caballero queda mudo, sin moverse, como desplomado sobre sí mismo. Ha jugado a su bella esposa. Es hombre de palabra y tiene que cumplir. Esa vez su adversario fue el propio diablo, por eso don Ernesto no vio una sola jugada.


Por eso cuidado en apostarlo todo, nunca sabésa quien se lo darás.... que tengan dulces sueños y terrorificas noches.


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